Hecho en Argentina

Avellaneda, la encendida
Foto ilustrativa

Por Carolina Muzi

Al cierre de esta edición no podríamos haber sabido el resultado de las elecciones presidenciales, pero sí eso que viene palpitando fuerte: volver a encendernos como comunidad. En ese anhelo, o mejor, en ese deseo colectivo que lxs comunes sentimos para el cotidiano, entra la vida en todos sus andariveles: alimentación, trabajo, educación, recreos.

Y en esa imagen macro con que se nos representa lo cotidiano, la vida de cada quien ejercida en el marco de los derechos, con posibilidad de mejorar, el significante “encendido” toma la imagen de una pequeña llama, así de atávicas permanecen algunas cuestiones. Es que el descubrimiento de la reacción del fósforo (que produce ignición instantánea al contacto con el aire e hizo posible la posterior utilización de los fósforos de frotación) cumple 350 años desde que Henry Brandt la descubrió en 1669 cuando trataba de obtener líquido que transmutara la plata en oro.

Así, redireccionando la imagen a lo cotidiano de todes, lo que habilita el fósforo es el comienzo del día al encender la hornalla para preparar el mate o lo que fuera. Y en el imaginario de Avellaneda, decir fósforo es decir industria, es memoria del trabajo de abuelas, abuelos, tíes, vecines en la Compañía General de Fósforos, unión de la primera fábrica continua de fósforos de seguridad de madera del país, que arrancó su actividad en Barracas al Sud allá por 1877 como Lavigne & CIA y hace 130 años se unió con las firmas Dellachá y Lavaggi, todas del territorio, para hacer la fuerza de la CGF en 1889. Hace noventa años, en 1929 –primera industrialización por sustitución de importaciones que precedió al primer golpe milico de 1930-, la CGF comenzaba a exportar desde Avellaneda en todos los ramos de la industria fosforera. Quién no recuerda las sucesivas cajas de Fragata, Ranchera, Tres patitos que aún asisten el arranque del día en la cocina.

También en aquella empresa germinaría entonces el origen del grupo empresario Fabril Financiera, cuando ya en los 60, se traslada José León Suárez agregando el sufijo Sudamericana. Así la historia de la Compañía General de Fósforos, una de las primeras sociedades anónimas industriales del país, coincide con el surgimiento de una industria moderna que comenzó a sustituir importaciones de artículos de consumo masivo. En una necesaria investigación inicial sobre este trayecto, Silvia Badoza y Claudio Bellini proponen aportar nueva evidencia sobre el papel de las grandes empresas en el crecimiento industrial anterior a 1930.

Poner en foco la historia productiva que nos precede en el territorio, no sólo nos foguea -valga la licencia en este caso- para los tiempos mejores por volver, sino que nos abre hacia una historiografía nueva y necesaria, que amarre la memoria y la identidad local desde tantos aspectos, incluida la biográfica de todxs. Porque nos vuelve a encender.

Noviembre 2019 | Edición #80