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En septiembre y con mucho dolor, la Universidad Nacional de Avellaneda junto a su comunidad educativa, despidió a uno de sus estudiantes con discapacidad.
Por Natalia Rodríguez*
En septiembre y con mucho dolor, la Universidad Nacional de Avellaneda junto a su comunidad educativa, despidió a uno de sus estudiantes con discapacidad.
Alejandro Czorrnobaj, “Ale”, durante su trayectoria académica, se convirtió en una de esas personas que sin darse cuenta, le dieron sentido al discurso que se enmarca desde la perspectiva social y de derechos humanos de la discapacidad. Dicho en otros términos, en su andar derribó el imaginario que circula en torno a la persona con discapacidad: “es su problema”, “es como un niño”, “no va a poder”, “cuánto sufrimiento”.
Como todo estudiante que recién ingresa a la universidad, cuando llegó, tenía miedos e inseguridades; pero su discapacidad (en un entorno donde nadie lo conocía) le generaba un desafío aún mayor. Se inscribió en una carrera que decidió abandonar, para luego culminar cursando -en simultáneo- otras dos.
En su trayecto, desde distintos equipos y dispositivos con los que cuenta la Universidad Nacional de Avellaneda, se lo acompañó para que ganara confianza, generara y fortaleciera vínculos y pudiera transitar por la universidad como cualquier otra persona. Asimismo, se le brindó acompañamiento tutorial, se relevaron barreras y se trabajó junto a los equipos docentes.
Sin darnos cuenta, la Universidad se convirtió en “su otra casa”. Ale participó de todos los espacios en los que quiso participar, cursó todas las materias que quiso cursar e interpeló a toda una comunidad universitaria. Esto fue posible porque él siempre quería participar, y la Universidad le garantizó ese derecho: el de la participación plena y absoluta.
Desde el Programa de Accesibilidad y Discapacidad, perteneciente a la Secretaría de Bienestar Universitario, nos hemos propuesto dejar de lado la mirada médico- rehabilitadora- paternalista, que posiciona a las personas con discapacidad como objetos de asistencialismo y hemos decidido posicionarnos desde aquella que comprende que todos somos sujetos de derechos. Es por ello, que a diario trabajamos para garantizar el derecho a la educación superior y la participación plena de toda nuestra comunidad universitaria.
Despedimos a uno de nuestros grandes referentes, esos que nos recuerdan que la inclusión no es cuestión de méritos ni esfuerzos propios, y que la autonomía es posible con los apoyos correspondientes. ¡Hasta siempre Ale!
* Coordinadora del Programa de Accesibilidad y Discapacidad - Secretaría de Bienestar Universitario.


Octubre 2022 | Edición #108
