Editorial
La vida es una permanente deconstrucción

Por Ing. Jorge Calzoni | Rector de la Universidad Nacional de Avellaneda

Los movimientos feministas nos han enseñado el concepto de deconstrucción machista, y que no se trata de destruir sino de des-sedimentar los conceptos para que recuperen pluralidad semántica y contribuyan a hacer cierta la igualdad de derechos entre géneros. Nos han enseñado que el feminismo no es la oposición al machismo sino su superación hacia la igualdad de derechos y hacia la igualdad en todo sentido, pensamiento y acción, en todos los campos y situaciones en la vida. Es cierto que falta mucho, pero es un camino de ida, tendrá quizás algún retroceso pero de ninguna forma se regresará a tiempos pasados. Dependerá de todos/as incluso del ejercicio y aprendizaje permanente, con paciencia y afecto. Los valores no se imponen sino que se construyen.

Ignacio Calderón Almendros es Doctor en Pedagogía en la Universidad de Málaga y especialista en educación inclusiva. En una conversación con Pepe Menéndez decía lo siguiente: “Yo antes pensaba que aprender a educar tenía que ver con lo que había al otro lado. Pensaba que había que “tapar” lo que el otro no tenía y que había que enseñar lo que el otro no sabía. Siempre presumía que el chico o la chica tenían una carencia, y que mi trabajo era “taparla”. Lo que tenía que hacer era buscar permanentemente el fallo en la otra persona para solucionarlo. Ha sido una perspectiva que he arrastrado mucho tiempo y en todos los niveles, tanto en el disciplinar como en el de necesidades educativas más específicas. No ha sido hasta que he trabajado profundamente con investigación cualitativa, que me he dado cuenta de que no se trataba de eso. Aprender a educar no tiene tanto que ver con lo que hay en el otro, sino que se trata de aprender a reconstruirte constantemente”.

Suscribo literalmente éste párrafo porque me parece sumamente esclarecedor y tiene similitudes con el inicio de la editorial, educarnos para la vida; y la vida es la familia, el trabajo, las relaciones sociales, en fin, es la sociedad y la cultura del periodo en el cual vivimos.

Este año será recordado seguramente como el año en que vivimos en pandemia, quedarán enseñanzas y reflexiones, miserias expuestas, desconciertos, la ingenua creencia de cambios profundos, intolerancia y violencias virtuales, angustias y necesidades básicas insatisfechas, carencias y egoísmos. La imposibilidad de arreglar el mundo en la mesa de un bar para intentarlo desde la pantalla de un Zoom. Un año sin el encuentro de estudiantes, sin la vida universitaria tan necesaria e irrepetible que se suma al aprendizaje en las aulas. Lo mismo ha sucedido en los otros niveles educativos.

Educar sigue significando lo mismo, con o sin pandemia, con clases presenciales o virtuales. Se enseña, se aprende y se vive en la perspectiva de los valores que deseamos para la vida en común. Todos/as anhelamos la felicidad, es parte de la búsqueda histórica del ser humano a través de las religiones, la fe, la ideología. Juan Domingo Perón decía que el objetivo de la política debía ser alcanzar la felicidad del pueblo argentino y la grandeza de la patria, porque nadie se desarrolla solo en una sociedad que no se desarrolla.

Si vivimos en comunidad la felicidad es comunitaria, no solo individual. Debería ser la gran enseñanza de este año. Una pandemia es un problema global. Sin embargo, presiento que todavía —a pesar de las enseñanzas de la historia y la naturaleza— seguimos transitando la vana esperanza de que un individuo puede salvarse solo. También por eso es tan necesario comprender que la vida es una permanente deconstrucción.



Diciembre 2020 | Edición #90