Editorial
Mañana será mejor

Por Ing. Jorge Calzoni | Rector de la Universidad Nacional de Avellaneda

Septiembre nos dejó el 2° Plenario del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) en la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) bajo las llamas de varios incendios en la región, físicos -como en la Amazonia- o político-económicos -cómo en nuestro país-. También la reunión Conosur – Brasil de la Unión de Universidades de América Latina y El Caribe (UDUAL) en la Universidad de la República (UDELAR), en Uruguay, con las llamas amenazando las autonomías universitarias en la región, como en Brasil, Honduras y El Salvador, por ejemplo.

El pasado mes nos dejó, además, un encuentro internacional para conmemorar el 70° Aniversario de la Gratuidad Universitaria en la Argentina, en las instalaciones de la Universidad Tecnológica Nacional, emblemático sitio dónde Juan Domingo Perón explicó esta medida que permitiría el acceso a la universidad a quienes hasta ese momento les resultaba imposible hacerlo. Basta mencionar que los/as técnicos/as egresados/as de las escuelas técnicas nacionales no podían ingresar para estudiar las ingenierías. Por ello también se creó entonces la U.O.N. (Universidad Obrera Nacional, hoy UTN), para recibirlos y generar “ingenieros de fábrica”, dado que sólo el bachiller habilitaba para ingresar a la universidad.

También nos dejó el encuentro por la 7º Jornada de la Red Universitaria para el Cuidado de la Casa Común (RUC), conformada por universidades de todo el país, consustanciadas con lo establecido en la encíclica Laudato Si’, del papa Francisco, y con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Septiembre trajo consigo la incipiente primavera, donde florecen los jardines y también los sueños de un tiempo mejor, otras expectativas que superen el largo invierno vivido estos últimos años. El noveno mes del año nos dejó el Día del/la Maestro/a y del/la Estudiante. Maestros/as y profesores/as que fueron elegidos/as como “enemigos/as” en esta lógica binaria que tienen los/as poderosos/as de generar grietas en la sociedad para conservar sus privilegios. “Estás conmigo o en contra mío”, “es blanco o negro”, premisas tan básicas y elementales, incapaces de generar un pensamiento complejo o de analizar la enorme paleta de colores que implica la diversidad.

Por otro lado, tenemos la situación de los/las estudiantes en este difícil contexto político-económico. La última encuesta de hogares estableció que el 49,6% de los/as niños/as de hasta 14 años son pobres y que un 11,3% son indigentes, es decir, no llegan a completar la canasta básica alimentaria. ¿Qué destino nos espera con semejantes cifras? Ni hablar del recorte en becas, la baja de todos los programas de apoyo y acompañamiento para retenerlos/las en nuestras universidades, sumado a las políticas macroeconómicas que tanto han impactado sobre la vida cotidiana de nuestra población, en particular de nuestras/os pibas y pibes.

Octubre nos abre una enorme puerta para ingresar a una nueva realidad, donde los sueños no sean para un futuro que nunca llega mientras vivimos un presente de padecimientos, sino un tiempo de construcción colectiva de una ciudadanía que con esfuerzo no mira sólo para atrás o sólo para adelante, sino, además, a los costados para abrazarnos entre todos/as; para tender una mano a quienes lo necesitan, para sentirnos hermanados/as; para sentirnos parte, protagonistas de nuestra Patria y no simples destinatarios/as de decisiones ajenas e injustas.

“Aunque me fuercen yo nunca voy a decir que todo el tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor...”, cantaba Luis Alberto Spinetta, y ese mañana lo construimos entre todas y todos; ningún/a mesiánico/a, ningún/a gerente/a de intereses ajenos al Pueblo. Sólo nosotros y nosotras, en plural. Porque debemos terminar con lo singular de una vez por todas. Para construir un futuro mejor, debe prevalecer el plural: todas/os nosotras y nosotros juntas/os.

Octubre 2019 | Edición #79