Editorial
Interrogantes para pensar la Argentina actual

Por Ing. Jorge Calzoni | Rector de la Universidad Nacional de Avellaneda

Hace tiempo vengo preguntándome acerca de los sistemas de representación política ¿Son adecuados? ¿La enorme atomización de los partidos políticos (leía que existen alrededor de 4500 espacios diferentes) puede representar cabalmente ideas, o será tiempo de que las que llamamos coaliciones finalmente se consoliden de algún modo diferenciando matrices ideológicas o políticas en lugar de representar la singularidad de algún dirigente?

Cuando pensamos en los sistemas de representación, no se trata sólo del Poder Ejecutivo Nacional, sino de todos los espacios y niveles del Estado. Por lo menos, nos debemos una profunda reflexión acerca del tema.

Por ejemplo, las actividades de lobby -que en algunos países está regulada-; la acción de las corporaciones, cualquiera sea su tipo (no sólo las comerciales, empresariales, gremiales o profesionales); o sectores directamente sin representación parlamentaria, independientemente de su peso específico. ¿Acaso la democracia no es el sistema de representación de todos y todas, con mayorías y minorías?

Voy a dar otro ejemplo: los liberados después de cumplir una pena, prácticamente están nuevamente condenados a pesar de haber cumplido la pena impuesta por el mismo Estado, dado que para ingresar a diversos trabajos les solicitan antecedentes penales que, por supuesto, los invalidan para acceder a trabajos formales. ¿Qué les queda? Trabajo informal o volver a delinquir. Y las soluciones, entonces, parecen ser más cárceles, más policías. ¿Y si probamos con más educación? ¿No dicen casi unánimemente que los valores se aprenden en la escuela y en la familia? ¿No será que los valores deberían estar presentes en todos, absolutamente todos los espacios de participación ciudadana?

Es importante recuperar el concepto de ser humano en lugar de individuo exento de humanidad tal como nos plantea el papa Francisco.

¿No deberíamos tener ministerios permanentes, en lugar de adaptarlos cada tanto de acuerdo a la necesidad del presidente de turno? Si tanto se habla de políticas de Estado, ¿no deberíamos contar con ministerios acordes a las mismas fijadas por el Congreso Nacional y con ministros preparados política y técnicamente para ejercerlos, en lugar de adaptar ministerios a funcionarios?

¿No deberíamos modificar el calendario electoral? Asumir en diciembre implica que en pocos días hábiles se deben pagar sueldos y aguinaldos, y resolver temas burocráticos imprescindibles del inicio de toda gestión, aparte de gestionar un año completo con presupuesto aprobado por la gestión anterior. ¿No habría que pensar en una asunción, por ejemplo, el 25 de mayo y, entre otras cuestiones, plantear el presupuesto del próximo año y tiempo para resolver las diversas cuestiones?

Pueden parecer temas menores pero impactan y son, tal vez, un obstáculo para el desarrollo de nuestro país. Parte de estos análisis los realizamos cuando modificamos el Estatuto de nuestra Universidad y los continuamos trabajando en el Centro de Estudios para una Nueva Institucionalidad Argentina (CEPUNIA).

Septiembre 2019 | Edición #78