Hacia el 70° aniversario de la gratuidad universitaria
Octava entrega

La universidad para todos y todas

La educación es un derecho humano que conlleva el compromiso de trabajar por una Patria más libre y más justa.

Foto ilustrativa

Por Antonio Hugo Caruso | Presidente del Consejo Social de la UNDAV

A 70 años de la gratuidad de los estudios universitarios, en primer lugar quiero detenerme en algunos antecedentes.

Desde el justicialismo y sus políticas públicas, tenemos el concepto de que cada una de ellas deben estar al servicio del pueblo. Es toda la ciudadanía la que debe tener acceso a la salud, el trabajo y la educación; la producción, alimentación y vivienda. Las culturas deben ser respetadas e incluidas en los sistemas democráticos y respetar también su territorialidad. Como sabemos, el pensamiento de Juan Domingo Perón, su doctrina y legado, han hecho que siempre defendamos esta postura porque fuimos un pueblo que conocimos las bondades de la movilidad social ascendente a través del trabajo, la solidaridad y la educación.

Dentro del pensamiento justicialista, cuna argentina de los derechos para todos y todas, en 1948, por Ley 13329, se creó la Universidad Obrera Nacional y se dio origen a las escuelas fábricas que hoy conocemos como escuelas técnicas, con la mirada inclusiva que nos caracterizó siempre. Estas aperturas permitieron a los operarios obtener títulos especializados de manera tal de progresar en su trabajo y enriquecer su vida intelectual.

Ese mismo año el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública -donde la educación ocupaba el lugar de una Secretaría- se separa y en 1949 y se crea el Ministerio de Educación. Éste será el instrumento orgánico que permitirá expandir la educación hacia todos los lugares de nuestro país. Como una estrategia que conformó un programa que se relacionó con la cultura, la educación, la producción y el trabajo, esta aplicación de políticas fue sumando al hombre común a la vida educativa y ya no serían las elites solamente las que accederían a estudios superiores.

Antes de finalizar ese año, el 22 de noviembre de 1949, Juan Domingo Perón firmó el Decreto 29337 de supresión de aranceles universitarios. Esas casas de altos estudios estaban vedadas para quienes no pudieran costearlos. Es por eso que siempre hemos sostenido que el peronismo no ha sido solamente una idea política sino un conjunto de concepciones humanísticas con mirada hacia el sujeto como ciudadano con derechos inalienables. Y esto quedó demostrado durante todos los gobiernos justicialistas; en cada uno de ellos fueron creadas universidades a lo largo y ancho de nuestra Patria. En la primera década de aquel histórico Decreto de gratuidad de los estudios universitarios la matrícula de estudiantes se multiplicó más de 4 veces.

El justicialismo ha sido una construcción colectiva que como eje tuvo al hombre y sus miradas plurales, estuvo al lado de quienes más necesitaban pero siempre desde la idea de que la producción y creación de fuentes de trabajo eran lo principal para el desarrollo de una Argentina soberana. Que la educación siempre fue una inversión y no un gasto, que la salud debía estar al alcance de todos y todas.

Asistimos en la actualidad a debates vacíos que, a través de relatos hegemónicos, hacen que el cortoplacismo y la vorágine en la que vivimos sometidos a través de los cambios tecnológicos muchas veces no dejen que se vislumbren o se conozcan los antecedentes y raíces de tantos beneficios y derechos de los que hoy cada habitante goza.

De ninguna manera podemos considerar a la formación superior como un simple servicio o como un tema a discutir para recortar lo logrado, porque estamos convencidos de que la educación es un derecho humano que conlleva el compromiso de trabajar para una Patria más libre y más justa.

Recordamos aún aquel malicioso dicho “Alpargatas sí, libros no” que se dejó correr, y como todo rumor se fue afianzando de manera tal que la verdad fue invisibilizada: alpargatas sí y libros también. Porque el gobierno de la época supo que no podría haber una independencia económica si no había un pueblo instruido, que no podría haber justicia social si el hijo de un obrero no podía acceder a estudios superiores. Y, es más, también contempló -como hemos dicho- que el obrero pudiese especializarse y prosperar en su trabajo con la creación de las escuelas fábrica y, posteriormente, la universidad obrera.

La gratuidad universitaria representó la inclusión de una herramienta que permitió el ascenso social de las clases trabajadoras, tuvo una perspectiva de desarrollo hacia el futuro; una comunidad que se encontró con la posibilidad de ampliar sus horizontes. Porque Perón siempre tuvo muy claro que el progreso de un pueblo está íntimamente relacionado con el desarrollo cultural y educativo del mismo. Que no hay nación independiente si no hay primero educación, salud, respeto por las culturas e independencia económica, ligada directamente con la producción y el trabajo.

Siempre recordemos que la educación es el cincel que da forma a las acciones que desarrollaremos cada día; no puede faltar en ningún estrato social: acceder a una educación adecuada, igualitaria, superadora y tendiente a la excelencia -cada una en su campo y especialidad- será entonces el valor esencial para la construcción y definitiva recuperación de la cultura del trabajo.

Viejas antinomias pretenden seleccionar los grupos sociales para que reciban o no una educación formal acorde a las demandas del momento. En el marco de políticas sociales sensibles y con una mirada amplia hacia la sociedad toda, nosotros los justicialistas, a través de la aplicación de políticas educativas y solidarias podremos recuperar la identidad que nos dignifica y ofrecer la oportunidad de que todo hombre y toda mujer disfruten de la posibilidad de convertirse en protagonistas del país al que pertenecen.

Debemos por ello asegurar para todos los habitantes -hombres y mujeres sin discriminación de género, credo ni ideología- que tengan acceso desde el jardín de infantes y concurran a todas las etapas educativas y de capacitación hasta llegar -quien lo desee- a las casas de altos estudios.

Por eso hoy es imprescindible defender la educación pública y gratuita, y las universidades creadas a lo largo de nuestro país durante el último gobierno justicialista, que se han sumado a las ya existentes; deben continuar asegurando el acceso inclusivo de todo habitante que quiera hacer una carrera universitaria.

Recordemos en este 70 aniversario del Decreto 29337 que el derecho a la educación es un derecho humano, por lo tanto, innegable. Celebremos este año la posibilidad de mantener la memoria activa para saber reconocer quiénes han dado y quiénes han quitado a la ciudadanía las conquistas sociales que el justicialismo pensó para todo habitante de nuestra querida República Argentina.

Agosto 2019 | Edición #77