Hacia el 70° aniversario de la gratuidad universitaria
Quinta entrega

Viejos y conocidos: ¿cuáles son y de dónde provienen los cuestionamientos a la universidad pública y gratuita?

En la Argentina, la discusión acerca de la necesidad de que el Estado sostenga financieramente instituciones de educación superior cuenta con un piso elevado. A pesar de ello, los intereses alrededor de la universidad son hoy, igual que siempre, muy fuertes.

Foto ilustrativa
Fotos: ADUNA y Prensa UNDAV.

Por Gabriela Mariño*

Afortunadamente -y no por casualidad- en la Argentina, la discusión acerca de la necesidad de que el Estado sostenga financieramente instituciones de educación superior cuenta con un piso elevado. Si bien todos/as somos conscientes de que la gratuidad de la cursada no genera espontáneamente una igualación de oportunidades reales, resulta evidente que de no existir la posibilidad de cursar estudios de grado de forma no arancelada, el universo poblacional con acceso a estudios universitarios se estrecharía drásticamente. Esta realidad -con matices en algunos casos- es la que observamos en varios países vecinos. Solamente el Estado, a través de sus políticas -y su presupuesto-, tiene la enorme capacidad para hacer rodar esa maquinaria hacia el futuro.

Así, no son nuevos los cuestionamientos a la universidad pública; la novedad estriba en su incremento en términos de intensidad y virulencia. No son nuevos tampoco los objetivos que estas acciones persiguen: lejos de contribuir al fortalecimiento del sistema, lejos de generar un espacio para la discusión fundada, generan golpes de efecto que erosionan su credibilidad sembrando desconfianza. La aggiornada versión de la veterana teoría del capital humano que se intenta presentar como la opción superadora del actual estado de cosas, pretende reducirla a un ámbito de formación de mano de obra calificada.

Desde la Asociación Docente de la Universidad Nacional de Avellaneda (ADUNA) enfrentamos con decisión aquella mirada que concibe a la universidad como una fábrica de títulos que forma futuros/as profesionales precarizados/as con docentes también precarizados/as. Son tres dimensiones de un mismo problema y, sin lugar a dudas, la mirada debe ser de conjunto, aunque ello no debe desdibujar la responsabilidad específica que tiene cada actor. Sabemos que el ambicioso proyecto de construir una universidad que conjugue inclusión, sólo será posible con un cuerpo docente en condiciones objetivas de trabajo apropiadas.

Sostenemos que la educación superior es un derecho y un bien público social. Y que la tan mentada calidad es indisociable de la pertinencia social de las instituciones y su responsabilidad con el desarrollo sostenible de la sociedad. Que cualquier proceso de evaluación, interno o externo, debe contemplar las particularidades de cada casa de estudios, y que no es posible establecer comparaciones descontextualizadas entre distintas universidades, o entre el sistema en su conjunto con respecto a otros sistemas sin la debida contextualización.

Los intereses alrededor de la universidad son hoy, igual que siempre, muy fuertes. Pocos son los que con nombre y apellido se atreven a descalificar a la universidad y a sus docentes. Son pocos pero su peso es desproporcionadamente alto. Por eso necesitamos esta organización gremial. Porque, ¿quién puede oponerse a una universidad que trabaja de cara a la sociedad, apuntalando el desarrollo? Sólo un pequeño puñado de actores que fronteras adentro o fronteras afuera, para amasar fortunas inmorales, pretende avasallar a la sociedad en su conjunto. A ellos y ellas, les decimos aquí no.

Sin sindicato hay ajuste, decimos desde ADUNA. Esta expresión refiere a que en tiempos de avance de las políticas antipopulares, la unidad de los/as trabajadores/as en frentes organizados es fundamental para contrarrestar, de manera efectiva, los embates de los grupos económicos y sus aliados locales a la universidad pública, protagonista en la construcción de conocimiento académico, imprescindible para la democratización y desarrollo de nuestra Nación.

Por una universidad pública, gratuita, inclusiva, popular y feminista seguiremos trabajando. Por los/as trabajadores/as docentes. Por los/as estudiantes que todos los días llenan las aulas. Por las familias de esos y esas estudiantes. Y también por todos/as los/as argentinos/as que no vienen a la universidad, pero que con su trabajo y el pago de impuestos contribuyen a sostenerla.

* Secretaria General de la Asociación Docente de la Universidad Nacional de Avellaneda (ADUNA).



Mayo 2019 | Edición #74