Editorial
Acerca de la extensión universitaria.

Por Ing. Jorge Calzoni | Rector de la Universidad Nacional de Avellaneda

En el mes de febrero del corriente año tuve ocasión de participar del Taller Internacional de Extensión Universitaria, organizado como parte del Congreso de Educación Superior de La Habana, en Cuba, realizado cada dos años con la presencia de representantes de todo el mundo académico. En dicho marco fui invitado a exponer en un panel donde, luego de contextualizar a la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) en su territorio, conceptualizamos acerca de la definición de extensión universitaria y lo que hacíamos al respecto desde nuestra Institución.

Dado que es una de las misiones sustantivas de la Universidad, la definimos como un diálogo de saberes que incluye la vinculación, la transferencia e integración de los mismos, y que excede las prácticas deportivas, actividades culturales, trabajos sociales en territorio, articulación con graduados o vinculación tecnológica. Dicho diálogo de saberes también excede tiempos y espacios, generaciones y, fundamentalmente, propone diversidad para abordar una nueva construcción y generación de conocimiento, volver a transferir y así retroalimentar ese diálogo en un círculo virtuoso.

Sus objetivos, a su vez, superan lo meramente académico. Se trata de construir ciudadanía para una sociedad más justa y equitativa, para una sociedad en paz, en armonía con la naturaleza; la casa común de la que nos habla el Papa Francisco.

Ahora bien: ¿cómo llevamos a la práctica estos conceptos? Voy a referirme a tres acciones concretas y a una futura:

1- Trabajo Social Comunitario: el Trabajo Social Comunitario es, ni más ni menos, que la curricularización de la extensión universitaria. Una asignatura transversal, común a todas las carreras, donde dialogan las disciplinas y se consolida un marco teórico y metodológico para la práctica extensionista.

2- Consejo Social: la participación de la comunidad a través de gobiernos locales, instituciones intermedias, culturales, deportivas, asociaciones profesionales, técnicos y trabajadores con voz y voto en el Consejo Superior -máximo órgano del gobierno de nuestra Universidad- le da pertinencia a nuestras acciones. Es una expresión directa de la comunidad evitando otros interlocutores.

3- Laboratorio de Monitoreo de Inserción de Graduados (MIG): se trata de analizar las trayectorias académicas de nuestros estudiantes y la inserción laboral de los mismos. Permite un diálogo con los graduados y los empleadores y, al mismo tiempo, retroalimentar los diseños curriculares. La flexibilidad curricular involucra varios factores. Uno de gran importancia es poder medir la calidad de la enseñanza en esta variable particular y, seguramente, con la participación de los graduados en los consejos departamentales y en el Consejo Superior, tener una voz que nos interpele desde un lugar distinto al de los docentes, no docentes y estudiantes, cerrando así la compleja integración de voces que nos permitan evaluar y crecer en nuestro desarrollo universitario.

4- Por último, el Ministerio de Educación aprobó el pasado año el llamado “suplemento de título”, algo que existe en otros países y que aún no fue implementado en la Argentina. Cuando nuestros estudiantes egresan, reciben un diploma y un certificado analítico. A ello se agrega el suplemento de título, certificación con la cual se logra configurar todas las actividades desarrolladas por los estudiantes a lo largo de la cursada, logrando así considerar a la extensión universitaria como una misión trascendente, sumada a la investigación y a la enseñanza.

Sin dudas, creo que la UNDAV está a la altura de estos tiempos. Las misiones propuestas y los reconocimientos que recibimos en nuestras presentaciones en el exterior así lo demuestran.

Abril 2018 | Edición #63