“Como planteamos las ecofeministas, la construcción de otro mundo no sólo es posible sino que es urgente”

La docente e investigadora Lic. Lía Ramos ofrece una mirada reflexiva sobre la crisis ambiental a la que asistimos en estos días.

Foto ilustrativa

Por Florencia Podestá*

El fenómeno de la pandemia de coronavirus detonó a nivel mundial una alarma que hace años se hacía oír por lo bajo e indicaba los costos irreversibles que la crisis ambiental traería para las poblaciones de todo el planeta.La docente e investigadora Lic. Lía Ramos ofrece una mirada reflexiva sobre la problemática.

Florencia Podestá -¿Cuál es la relación entre extractivismo como modo privilegiado de producción del capitalismo contemporáneo y el colapso ambiental que presenciamos en la actualidad?

Lía Ramos -Hay un consenso amplio sobre la crisis civilizatoria actual y el modelo de producción extractivista al que están sometidos nuestros cuerpos y territorios. La mirada economicista propone como premisa el crecimiento ilimitado de la economía y, claro, del consumo. Supone que sólo tiene valor aquello que puede ser expresado en términos monetarios, se reduce el concepto de valor a precio. Esto trae consecuencias socio ambientales negativas, como el agotamiento de los bienes comunes (los productos de la minería a gran escala para la generación de tecnologías en donde estamos pagando el coste ambiental pero no podemos acceder a los productos finales). No sólo se extraen los bienes sino que se contaminan los territorios. Eso es lo que llaman “pasivo ambiental”, del cual nadie se hace cargo y con el que las comunidades deben convivir. El agua es otro bien común que está siendo arrasado(se usa para minería y agroindustria, en donde se sobreexplota y contamina malogrando la posibilidad de uso para las generaciones actuales y futuras).

Esto se replica también en las ciudades y sus espacios públicos. Se enrejan plazas, se privatiza el acceso al río y se pierden los espacios verdes fundamentales para mejorar la calidad de vida de las personas y de la biodiversidad. Se prioriza la construcción de viviendas para capitales extranjeros que viven de la usura y desplazan a las poblaciones locales de la posibilidad de acceder a una vivienda propia.

FP- ¿Qué especificidades existen entre el extractivismo de la tierra y el extractivismo de los cuerpos feminizados, sobre todo aquellos que pertenecen a los sectores populares?

LR -La lógica extractivista genera lo que llaman “zonas de sacrificio”, para referirse a una región en la que las actividades industriales han generado altos niveles de contaminación ambiental. Estas zonas son habitadas por poblaciones de bajos recursos, las cuales sufren en sus cuerpos toda la contaminación que generan estos procesos y expresen una alta probabilidad de padecer enfermedades ambientales. Esto se evidencia con las luchas llevadas a cabo por “los pueblos fumigados” o por las asambleas en contra de las papeleras en Entre Ríos.

Existe un desplazamiento de los habitantes de los territorios rurales por el corrimiento de la frontera agrícola y por las consecuencias del cambio climático y terminan viviendo en las grandes urbes en muy malas condiciones.

Otra cosa importante a tener en cuenta, sobre todo en las ciudades, es la desconexión de la población con los alimentos. Se vulnera el derecho a la alimentación y a los modos de producción de ese alimento. La separación de la producción del consumo, permite desprendernos de toda responsabilidad ética y nos aliena de un modo de producción incompatible con la vida.

FP - ¿Cuál es el trabajo que venís desarrollando con la Red de Defensoras del Ambiente y el Buen Vivir? ¿Qué significa la construcción de un buen vivir?

LR -El trabajo que tratamos de hacer desde la Red tiene que ver con fortalecer actividades concretas de difusión, concientización, incidencia política y entramado de experiencias en relación a la defensa del derecho humano a un ambiente sano y el buen vivir.

La construcción del buen vivir es una propuesta política que plantea una vida armónica del ser humano de manera colectiva, equilibrada, sustentada en valores éticos frente al modelo de desarrollo economicista. Se propone como una alternativa posible para intentar salir del colapso ambiental al cual nos estamos enfrentando mundialmente, donde entendimos que la capacidad de carga del ambiente no resiste el nivel de explotación en el que se basa el sistema extractivista neoliberal impuesto. Sabemos, también, que la única posibilidad de transformación posible debe ser colectiva. Porque, como planteamos las ecofeministas, la construcción de otro mundo no sólo es posible sino que es urgente.

* Coordinadora del Programa de Popularización del Conocimiento y la Cultura Científica.

** Lía Ramos es bióloga, docente e investigadora del Departamento de Ambiente y Turismo de la UNDAV e integrante del Laboratorio de Biodiversidad y Genética Ambiental (BioGeA); directora del proyecto "Feminismos y descolonización: la mercantilización de los cuerpos y de los recursos naturales en América Latina ", del Observatorio de Políticas Públicas de la UNDAV; integrante del GT CLACSO: el futuro del trabajo y el cuidado de la casa común;integrante de la Red de Defensoras del Ambiente y el Buen Vivir;secretaria de Formación Docente, Investigación y Extensión de ADUNA.





Abril 2021 | Edición #92